Muerte en la Academia
Un vistazo al libro
Un bibliotecario de la Academia de la Lengua encuentra unos libros enterrados en la pared de una habitación de una casa de Barcarrota, en la Extremadura lejana. Un judío converso, Francisco de Peñaranda, los había enterrado por miedo a la Santa Inquisición ya que eran libros prohibidos por el índice. Entre ellos estaba el Lazarillo de Tormes, una edición desconocida de 1534. En la Academia celebran la aparición del incunable que es cuidado con esmero durante años hasta que ciertos avatares hacen que haya un asesinato en la Academia y unos episodios que complican la situación. Un grupo de facinerosos, muchos años después, hacen que los libros recorran un largo camino hasta los países nórdicos. Nuestros protagonistas se hacen dueños de la situación, sortean a los delincuentes y regresan los libros a donde nunca debieron salir. Afuera, una claridad cenicienta se acompañaba de un suave rumor de lluvia. El viento despeinaba los árboles de la calle. Un crepúsculo vespertino daba paso a un velo tenue de luminosidad que iba disminuyendo lentamente. Era un lugar amable donde las salpicaduras de lluvia daban un contraste seductor al entorno. Se veían las luces titilar en la distancia
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