El enlace perdido
Un vistazo al libro
Muero cada noche en mis pesadillas. Si a eso le sumas que tengo alucinaciones en las que salen personas que no conozco y criaturas que no existen, te puedes imaginar por qué no me abro con nadie. A la gente no le gustan los raritos que no distinguen la fantasía de la realidad. Todo eso cambió el día en que me atacó un dragón. Sí, eso he dicho. Un dragón auténtico que echaba humo por la boca me persiguió por el instituto. Logré escapar porque un hada me obligó a cruzar a un reino mágico por un portal de fuego. Todo muy normal, ¿no? Justo cuando pensaba que las cosas no podían ponerse más raras, le conocí. El príncipe de los seres feéricos. Ojos de jade, cabello negro azabache y una sonrisa que hacía que me temblasen las rodillas. Qué pena que fuese mi enemigo mortal, al que habían enviado para que acabase lo que el dragón había empezado. Ahora que tengo que enfrentarme a mundos paralelos, a un arriesgado plan de huida y a una reina malvada empeñada en hacerse con el universo, solo estoy segura de una cosa: estoy pringada hasta el cuello.
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