Todo a cien
Un vistazo al libro
He pretendido fijarme -dice el autor- especialmente en las cosas pequeñas, admirarlas y dejarme interrogar por ellas; contemplarlas desde distintos ángulos, oír su voz o el susurro que de sus labios nace; ver que una colilla, antes de serlo, fue brasa en una boca y autobeso; y ofertar a los otros lo que esas minucias me dijeron al oído para que también tú sigas escribiendo tus sensaciones ante el mundo de lo chico. ¿Te parece? Por estas páginas desfilan ante nuestros ojos desde unos modestos calcetines a los sencillos y necesarios agujeros del enchufe, desde el maniquí de un escaparate al paso de cebra que cada día hollamos con nuestros pies, desde un CD o un paraguas hasta el cálido recuerdo de la cacerola donde hace años se desayunaba una madre (figura, en realidad, de todas las madres). Un libro este donde lo pequeño se hace hermoso.
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