Los hijos de la patria

Adolfo Gallardo era el hijo sumiso de un jefe de guardias y, por añadidura, necio y feo. Se mantuvo siempre fiel a las ideas, a los principios, a los dogmas, a los modos de ser, de estar y de vivir, y a las muchas ambiciones del progenitor. Él nunca supo si era un ser independiente o una prolongación no deseada del padre, un hombre duro que lo trataba como a un subordinado carente de méritos. Las sentencias del jefe eran contundentes y para el chico, una losa que el padre colocó sobre su ánimo cuando era niño, y de ella nunca pudo desprenderse. El muchacho oía cada día los mismos...
