Que Dios se equivoque

La extraordinaria Maura Montes espera ansiosa la llamada que promete su regreso triunfal a la pantalla grande. Lejana se escucha la voz de Brayan, su querido confidente y asistente personal, quien la bautizara con un nombre destinado a triunfar; remotas quedaron también las ovaciones, el mítico letrero de Hollywood y las marquesinas de Broadway, el duelo con la cámara, las alfombras rojas, los premios, los grandes titulares, el amante petrolero, la belleza como pasaporte y el bisturí como capricho. Un rechazo y el ensordecedor estruendo de un disparo certero parecen asegurar a la diva el...
